Saqueos en la zona cero de los terremotos de Venezuela: entre la desesperación y la delincuencia

Si un pueblo sabe de saqueos en Venezuela, ese es el guairense. El terrible pillaje que se desató en La Guaira tras el devastador deslave de 1999 se ha repetido en cuotas menores tras el doble terremoto del día de San Juan. «Estábamos en Catia La Mar el jueves después de llevar a una chama al hospital cuando vimos cómo saqueaban un mercadito de ropa huevonadas (cosas) tecnológicas. Ahí intervino la PNB (Policía Nacional Bolivariana) porque estaban asaltando una vaina de venta de repuestos de carros (vehículos). ¿Qué necesidad tienes de repuesto de carro en medio de este caos? La verdad es que la Policía apareció cuando empezaron a saquear cosas que no eran útiles», asegura a EL MUNDO José Álvarez, uno de los voluntarios llegados de Caracas que ha adoptado como suyo el lema «Donde falta gobierno, sobra es pueblo».

Distintos documentos audiovisuales recogidos por EL MUNDO en el centro de Catia La Mar confirman las palabras de Álvarez, donde se ve a grupos muy numerosos de personas entrando por las paredes derrumbadas de varios almacenes para llevarse todo lo que hubiera a mano. No sólo botellas de agua, comida o ropa, también electrodomésticos. Supermercados, parte del Farmatodo (cadena de tiendas de mercado mixto, que combinan medicinas con todo tipo de productos), y otros almacenes cayeron en manos del malandraje local.

Transcurridos casi dos días de la tragedia, Delcy Rodríguez ha anunciado este viernes el despliegue de las fuerzas militares. «Estamos en un proceso de saturación de alimentos y agua para atender a la población. Hemos tomado la decisión de militarizar el estado La Guaira, para atender esta coyuntura tan dura que afecta a nuestro pueblo», subrayó la presidenta encargada del Gobierno de facto.

Pero si hay un vídeo clave, que ha indignado a los venezolanos tras hacerse viral en redes sociales, es el que muestra a dos policías en moto cargados con un electrodoméstico más grande que ellos. Otros motociclistas, al darse cuenta del robo, persiguieron a los dos agentes entre una lluvia de insultos, de sinvergüenzas para arriba.

«También hemos visto que la Policía miraba al otro lado cuando eran damnificados los que entraban en los comercios para llevarse la ayuda que no les llegaba. Vimos el saqueo en un segundo piso donde nada hicieron, pero se estaban llevando productos de primera necesidad«, añadió Víctor Marcano, compañero de Álvarez.

En otras partes de la costa, turbas humanas despacharon neveras, televisiones, incluso aires acondicionados. Las imágenes de vehículos cargados con estos electrodomésticos fueron el contrapunto a una jornada marcada por la solidaridad.

«Esto es lo que queda de mi empresa de iluminación», se quejó amargamente su dueño mientras transmitía cómo un grupo de personas entraban a la fuerza. «Lamentablemente, todo nuestro esfuerzo de 11 años no lo acabó el terremoto, lo acaba la gente. Tengo que reportar esto, qué tristeza cómo se pierde tantos años», añadió, mientras se ve cómo la gente se agolpa para participar en la rapiña.

«La ayuda que llegaba desde Caracas fue en su mayoría para las zonas de Caribe y Caraballeda y no influyó tanto en Catia La Mar, por eso creo que hubo tanto pillaje. Adicional a esto es que no había locales abiertos porque el desastre fue en el centro. Los supervivientes que buscaban insumos (elementos procesados) se vieron obligados en las primeras horas a participar de los saqueos de comida, agua y productos higiénicos», concretó Álvarez para este periódico.

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